sábado, 29 de agosto de 2009

El Lazarillo


Cada día pasaba lentamente por delante de mi parcela, al principio casi no me había fijado en él, pero su constancia hizo que percibiera su presencia cada vez que se acercaba.
Primero recreaba su vista mirando a mi alrededor como si buscara algo o a alguien y después clavaba sus ojos en los míos durante largos segundos. Una tarde le sonreí y él respondió con otra generosa sonrisa, enseñándome sus dientes blancos y ligeramente separados, su piel estaba tostada por el sol, como si viviera al aire libre, sus piernas delgadas marcadas por los juegos inquietos de un niño de su edad.
Al día siguiente apareció acompañado por mis sobrinos, lo que buscaba eran compañeros de juego, volvió a sonreirme bonito, bonito. Al hablarle descubrí que su acento no era español, su piel , su pelo oscuro y sus ojos verde aceituna delataban una etnia gitana, concretamente portuguesa, se relacionaba bien y se entendía perfectamente con los niños, era como un lazarillo, avispado, pícaro, travieso e inteligente, en su actitud se percibía un respeto especial hacias los mayores, era educado y cordial, desde el principio se hizo dueño de mi simpatía y mi cariño.
Su estancia en el camping duró pocos días, pero con su expresividad y simpatía se ganó el aprecio de todos los niños de la pandilla.
Un pequeño recuerdo y un beso para Lordiño.