
Desde hace un tiempo, acostumbro a hacer una pequeña caminata alrededor de la Ria de Avilés con una persona que es muy especial para mí. Solemos quedar los domingos por la mañana temprano,porque es el día más favorable para él, el resto de los dias de la semana trabaja y trabaja muchas horas, yo diría que vive para trabajar, muchas veces le riño, porque quiero hacerle ver que debe invertir la frase y en vez de vivir para trabajar, que trabaje para vivir, él me mira con sus grandes ojos y su boca semiabierta, dándome la razón, pero no acaba de ponerla en práctica. Quedamos temprano, hacia las 9.30, él es alto y fuerte y sus pasos son largos, me cuesta seguirle, pero sé muy bien que reduce su ritmo, para no cansarme tanto. Uno al lado del otro recorremos el paseo que han adecuado para tal efecto, a paso ligero, son 6 kilómetros todo el recorrido y venimos tardando aproximadamente una hora. Comenzamos nuestra andadura recorriendo el Puerto Deportivo, lleno de barcos de tamaño discreto, sin obstentación, amarrados a los pantalanes, sus colores claros destacan en las oscuras aguas de la Ria y se balancean sutilmente con el movimiento suave de las ondas que llegan desde el mar, luego continuamos por el camino que bordea la ria, siempre vamos charlando amenamente, contándonos anécdotas del dia a dia o recordando situaciones que vivimos cuando eramos niños, algunas veces nuestras palabras se ensordecen por el ruido escandaloso de algún tren que pasa veloz tras la alambrada que también recorre todo el paseo, hay arboleda joven y algunas esculturas metálicas preciosas y originales creadas por diferentes artistas, plasmando sus recuerdos del progreso siderúrgico.
Proseguimos con nuestra charla, ya llevamos más de la mitad del recorrido y ahora nuestras palabras se entrecortan por pequeños jadeos del cansancio, nos reimos, y sin pararnos cruzamos al otro lado de la Ria para retornar al comienzo, siempre nos fijamos en los patos que juguetean en el agua detrás de una mamá pata que no los pierde de vista ni un segundo, más adelante podemos contemplar a nuestro paso la Magistral presencia del Centro Cultural Niemeyer, inmensamente blanco y atractivo Gigante, que hará de Avilés una Ciudad reconocida mundialmente, nos encanta volver a cruzar para el otro lado de nuevo, a través del Puente de San Sebastián, recontruido hace poco tiempo y pintado de colores como un Arcoíris, durante mucho tiempo fue el único puente que unía ambos márgenes de la Ría, desde él podemos ver con perfecto detalle la pasarela peatonal, llamada la Grapa por su diseño similar y que comunica la Ciudad de Avilés con este Centro cultural.
Ya estamos próximos a nuestra meta, nuestra charla prosigue, nos damos consejos o pareceres, tenemos absoluta confianza y disfrutamos enormemente de este rato juntos, nuestra frente brilla del esfuerzo al caminar y nuestro corazón está pleno.
Hoy quiero deciros que todo este paseo tan bonito, todas las cosas que os he detallado, todo el paisaje, todo lo importante que es para la ciudad el tener en pleno desarrollo este proyecto cultural, a pesar del esfuerzo de la caminata y de la satisfacción personal , lo más importante para mí, es que a mi lado...va mi HERMANO.