Mi deseado Sol, mi chiquitín, cálido y tierno,
cada día me despiertas con sonidos de mar y aletéos de gaviotas
que con sutileza ilusionan mis mañanas
y aventuran un día más junto a tí.
Al despuntar el día intensificas tu calor
y el deseo de tus caricias envuelve mi piel, cubriéndola de brillantes perlas
perlas que refresco sumergiéndome en la orilla de tu mar
y abanicándome con la húmeda brisa de tu playa.
En tu atardecer me invades de nostalgia
con esos reflejos que irradias
cegándome y atrayéndome hacia tí
suave...seguro...honesto
lleno de sensaciones y calma.
Y llega la noche y ahí estás semiescondido en el horizonte
pero escucho tu voz que me arrulla y me mima,
te despides con promesas ciertas
mientras dejas a la luna custodiando mis sueños
hasta que al amanecer...vuelves de nuevo a buscarme.
