Viajamos desde León hasta Benidorm. Largos kilómetros serpenteando por las llanuras de Castilla, observados por las lineales hélices de las torres eólicas y el brillo silencioso de los huertos solares, se ha perdido el encanto de los pueblos y sus gentes sentadas a la sombra, las nuevas vias rápidas solo nos dejan ver sus nombres escritos en los cientos de paneles de información, ya no podemos observar los campanarios de las viejas iglesias con los nidos de las cigueñas ni los rebaños de ovejas impidiéndonos el paso. Ya no paramos a beber agua en los caños frescos de las fuentes de piedra ni a mojar los pies en los riachuelos cantarines rebosados de risas infantiles .
Después de monótonos kilómetros adivinamos el paisaje levantino, diferente... árido, lejano, amarillo, con su cielo azul inmenso y lleno de preciosas construcciones arábigas que me encantan. Miles de casitas con cúpulas, con torres, con arcos de media luna, con columnas blancas, patios y flores y presidiendo el paisaje..."El Mar",quieto...templado...transparente, circundado por arenas calientes que nos obligan a correr a su encuentro y sumergirnos bajo sus tibias y relajantes aguas llenas de sal.
Dias de sol, de risas, de juegos, de playa , de familia, de calor. Noches cálidas, llenas de luces, de almas, de música, de espectáculo, de paseos y de estrellas.
Todo lleno de ilusiones y de deseos de compartir y disfrutar.

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