
El primero al despertar, ese aroma a café recién hecho y a pan tostado que te invita a saborear la mañana, después el aroma del agua caliente y el jabón que te predisponen para una nueva jornada.
El perfume...el carmín...la humedad en el pelo ...y las prisas.
Un caminar rápido atravesando el parque y respirando el aroma del cesped recién cortado.
El típico olor de tu lugar de trabajo que te recuerda tus deberes y el aroma del saludo de tus compañeros que te indica que no estás solo.
Un descanso con aroma y sabor a frutas y sonrisas y de nuevo a seguir la tarea con aromas de trabajo que te satisfacen al verlo terminado.
El aroma de una comida casera cuando
tenemos apetito y los mil aromas y sabores de una sobremesa familiar que te llenan de orgullo.
El aroma de la ropa limpia recién planchada y la variedad de aromas naturales al dar un paseo por los entornos de la ciudad que te relajan y desconectan del bullicio diario.
El aroma del aire fresquito al oscurecer, de los niños jugando a lo lejos, de las risas con amigos, de un gesto de cariño que te evaden de la rutina y hacen cada día diferente.
El aroma que desprenden las estrellas cuando me dirijo a casa y ese aroma particular de mi hogar que me acoge, haciendo que me sienta segura en mi intimidad.
El aroma de unos pasos, de una conversación relajada, de unos ojos tras mi copa de vino, de unas manos y una piel que disuelven por completo mi soledad.
Y el aroma .....uummmmmmm....de unas sábanas límpias que me rinde y me duerme para volver a empezar.
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