
Te vistes de cuero negro y protección cual guerrero dispuesto a la batalla, ocultas tus facciones en el impoluto casco brillante dejando solo tu vista al alcance de los demás y subes sobre tu montura y a la vez tu arma, un arma peligrosa y afilada que pretende ganar en la carretera a costa de todo, quieres disfrutar de la libertad de recorrerla a tu antojo, de respirarla sin tregua, quieres ser su dueño, someterla bajo tus ruedas ardiendo de velocidad y arriesgas tu vida en superarte a ti mismo, cuando en realidad la superación está en vencer y llegar a casa.
Cambia tu cuero por sutíl seda, y el arma afilada por una melodía, en vez de batalla disfruta una danza, recorre su asfalto adheriendote a ella como si de una amante se tratara, acaricia sus curvas bailando al compás de sus formas, impregnate del aroma que desprenden los lugares que recorres, escucha como suaviza su sonido al paso de las cañadas, disuélvete en el paisaje, conquístala con tu prudencia y se convertirá en una implacable compañera que te traerá de regreso para que vuelvas a ver la sonrisa de los que amas.
(Estas líneas se las dedico a todos los moteros y de manera especial a mi hija Sara, en la foto superior es la motera del casco amarillo)
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