La mañana amaneció calurosa y soleada a pesar de la fecha otoñal, habíamos decidido intentar de nuevo la subida para ver la Cascada del rio Buanga , puesto que en otra ocasión que lo hicimos, nos perdimos en el bosque y no conseguimos llegar a ella. Estábamos ansiosos por comenzar la ruta siempre en sentido ascendente, sabíamos que nos iba a costar un esfuerzo, pero presentíamos que la recompensa seria extraordinaria.
Al comenzar todo eran risas y comentarios sobre cualquier cosa que nos llamaba la atención en el camino, las lagartijas al sol que corrian asustadas al oir nuestros pasos, las lenguas del bosque, los árboles atacados por algún rayo que presentaba formas realmente caprichosas, en fín... todo lo que se puede observar en un bosque de castaños y avellanos Nos acercábamos a la ladera de roca viva, habitada por las cabras que no dejaban de observarnos, el camino se hacía mas complicado, solo se oían nuestras respiraciones agitadas y nuestros pasos sobre la ojarasca seca, amenudo el viento suave movía las ramas y caían golpeando las hojas los herizos de las castañas, incluso en alguna ocasión nos pasaron rozando.
Al culminar nos sentamos un rato en un llano para descansar, el silencio solo roto por el movimiento de las ramas, era realmente impresionante, tranquilizador, adoro la naturaleza por su lenguaje, no importa el lugar donde estés, te envuelve y acuna como la madre que es. Reemprendimos el camino, ahora ya mucho más cómodo al ser mas llano, después de un rato, tras pasar bajo un arbol caido por la tormenta, escuchamos su melodía, era suave pues no tiene gran cantidad de agua ( seguramente tras las lluvias de invierno y el deshielo la densidad será mucho mayor) pero nos puso los bellos de punta, !lo estábamos consiguiendo! al girar en el sendero pudimos verla, hermosa...fresca...llena de vida. La alegría era evidente y todos nos mojamos las manos en su caida y refrescamos nuestras mejillas sudorosas por el esfuerzo, nuestro presentimiento era cierto, mereció la pena subir y descubrir el lugar.
Buscamos un claro apacible para descansar, comer nuestro bocadillo y recuperar fuerzas para bajar de nuevo, el aire se hizo recio llenándonos de hojas secas de colores ocres y amarillos, las nubes amenazaban lluvia y reiniciamos la marcha... el agua nos sorprendió a mitad de camino y nos caló hasta los huesos... pero mereció la pena al cien por cien las horas y experiencia vividas.
La vida nos ofrece muchos retos, y no exentos de esfuerzos, pero su logro reconforta.Gracias por dejarnos el logro de tus retos.
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