sábado, 7 de noviembre de 2009

Fruto de la Vida


No ha nacido y ya ha cautivado tu vida, piensas cada noche como serán sus ojos y su sonrisa y cada día, como serán sus pasos y sus manitas.
No son parte de tí, son..."Tu Todo", no importa si tienes uno...o cinco... o aunque tuvieras !cien!, son todos exactamente iguales para tí, no hay amor más infinito, ni más preciso, ni más desinteresado. No hay sensación más tuya, ni más importante, ni más tierna, ni más intensa que la de tener un hijo.
Este ser indefenso se convierte en tu propia piel, tu sabes cuando tiene frio para arroparle y cuando tiene hambre para darle de comer, cuando llora... enjugas sus lágrimas absorviendo en ellas su dolor y cuando ríe tus ojos se iluminan por su felicidad.
Pasan los años y le proteges ante cualquier adversidad, le acompañas para vencer sus miedos, le enseñas a diferenciar el bien del mal, le educas para ser persona de provecho, impregnas su vida de todo aquello que tú quisiste y no pudiste lograr, deseas su prosperidad y su bien y dedicas tu vida a darle todo aquello que necesite...tus besos, tu consuelo, tus consejos, tu apoyo, todo tu ser. No hay nada que se interponga entre él y tú, los corazones no se pueden comprar ni vender, el de él es el tuyo y el tuyo es el de él. En su madurez, sabes darle las alas para que viva su propia vida, tu sabes que está preparado para ello y él sabe que tú siempre estarás a su lado.
Aunque esté lejos le percibes y tu instinto te hace saber si está mal o está bien. Lucharás sin desfallecer por ayudarle a conseguir sus logros, sin que él se dé cuenta de tu lucha y de tu afán y cada noche, durante toda tu vida, vuelves a pensar en sus ojos y te duermes tranquilo porque "Tu Todo" está bien.
Tengo dos hijas y son mi razón de ser.

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