viernes, 12 de marzo de 2010

Verdadera Amistad






Verdadera amistad es la sensación que me das de lo importante que soy para tí, la sensación que me das al hacer que me sienta segura, me llena de sosiego y de paz como cada amanecer, tu amistad es el espejo en el que cada día me miro y en el que me enseñas lo grande que soy, lo hermosa que soy, lo capaz que soy, lo fuerte que soy.

Tu amistad es mi asidero, al que acudo sin ningún recelo cuando necesito desahogarme de mis penas o de mis problemas, tu amistad es el lugar donde acudo cuando necesito consejo, cuando necesito compañía o simplemente cuando necesito un abrazo. Corro inquieta a tu encuentro cuando tengo noticias buenas y veo brillar tus pupilas por mi felicidad.

Tu amistad es mi recreo pues adoro reír contigo y charlar de fantasías o de sueños, el tiempo a tu lado es corto porque todo lo bueno se hace escaso cuando disfrutas plenamente de ello y yo disfruto plenamente con tu amistad.




Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa a mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(Escrito por Miguel Hernández el 10 de Enero de 1936)



Este poema se lo dedicó Miguel Hernández a su amigo Ramón Sijé, muerto tempranamente. Es de una gran belleza y quiero compartirlo con vosotros, pues los que tenemos la suerte de tener una amistad verdadera como la que se puede adivinar aquí, sabemos perfectamente lo que siente el autor y los que por desgracia no supieran lo que es un amigo incondicional, de aquí en adelante lucharán por sembrar cada día la semilla que les permita recoger el valioso fruto de la verdadera Amistad.

1 comentario:

  1. Sé que te gusta escribir poesía, si Miguel Hernández te hubiera conocido alguna de sus poesías llevaría tú nombre.

    ResponderEliminar